Morena

Discurso de Fernando Navarro, Secretario de Relaciones Parlamentarias, Institucionales y con la Sociedad Civil Argentina, en el Encuentro Internacional por las Causas de los Pueblos.

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Ciudad de México a 30 de noviembre del 2021

Fernando Navarro (FN):  Buenas tardes, ¿cómo les va?. Un gusto compañeras, compañeros.

Realmente me siento muy honrado de estar en este panel con compañías tan valiosas, estar con ustedes, sobre todo, dos cuestiones; la primera, que estamos celebrando el tercer aniversario del triunfo de Morena, de López Obrador en una elección que, realmente, nos sorprendió a todos por la magnitud de la participación del pueblo Mexicano, lo que también habla de que ahí hay una política que motivó, que entusiasmó, que movilizó, a millones de hombres y mujeres de esta tierra para ir a votar una esperanza que hoy es una realidad, que es López Obrador y ese instrumento fue Morena, y estar en esta tierra – lo dijo muy bien Rodríguez Zapatero -, una tierra que siempre ha acogido, que siempre ha abrazado, que siempre ha recibido como en su casa, a mujeres y hombres de todas las latitudes que huían de sus países, de sus continentes, del temor, del miedo, de derrotas, de dictaduras, de exilios, de muertes, y acá siempre fueron curados, abrazados, sanados.

En Argentina hay muchos hombres y mujeres que en distintos momentos estuvieron viviendo en México y siempre hablan con un genuino agradecimiento y cariño por esta hermosa tierra.

Hablar de los partidos políticos como instrumento en el marco del tiempo que viene, para mí es un poco complejo porque yo voy a contar un poco nuestra vivencia de Argentina y, por supuesto, mi visión más (inaudible); el gobierno del presidente Alberto Fernández no es la visión oficial, ni siquiera pretendo ser el vocero de la organización que integro, que es el movimiento Evita, que es una de las organizaciones político sociales más grandes del continente en cuanto a movilización y presencia en los territorios, sino que pretendo compartir con ustedes reflexiones en voz alta, como un compañero, como un militante que busca permanentemente respuestas a situaciones que generalmente se dan y después pareciera que se repiten en otros países, no siempre iguales, pero parecidas, donde la política queda acorralada por los grupos mediáticos, por los grupos económicos o por políticas internacionales que, obviamente, buscan desgastar, debilitar y someter, a aquellos espacios políticos, partidos, movimientos, gobiernos, que pretenden restablecer la dignidad y el bien común en su tierra.

Todos los que estamos acá quizás hoy tengamos un grado de responsabilidad o institucional o en la estructura partidaria; y cuando empezamos a hacer política quizás ni nos imaginábamos que la política podía ser un medio para desempeñarnos en algún rol partidario o en un rol institucional, sino que elegíamos la política como la posibilidad, el sueño de que queríamos hacer realidad, de que queríamos construir una patria más justa. 

De ser parte de un proceso colectivo en donde mañana fuera mejor que hoy; donde nuestros hijos tuvieran un futuro más claro, más certero, que el que a veces nos tocó vivir a nosotros. Y esos sueños, esa entrega, esa militancia, ese compromiso, que teníamos cuando cada uno a la edad que le tocó, empezó a militar en circunstancias distintas; con democracia, sin democracia, en dictaduras, con democracias restringidas, a veces con el temor o la indiferencia de nuestra familia o directamente con el rechazo.

Aún en el momento de mayor auge de la democracia, como pasó en mi país en los 80, siempre la política era vista como algo ajeno a la vida cotidiana de la mayoría de las mujeres y hombres; como que la política estaba en un lugar diferente, se le valoraba, se le respetaba, pero se le ponía allá. 

Y mi experiencia – y les repito, estoy planteando reflexiones, no son verdades absolutas, ni siquiera relativas, sino reflexiones en voz alta para poder debatir y compartir con ustedes -, es que con el tiempo, sobre todo, a partir de la década del 90, esa situación se agravó y la política termina siendo un espacio que más allá de los discursos y más allá de las acciones, ponemos más energía en la pelea interna, en las expectativas o ambiciones que tenemos, que pueden ser legítimas, válidas, ¿por qué uno no va a querer ser concejal o diputado o gobernador o presidente o ministro?. Pero cuando esa ambición queda subordinada, cuando nuestra motivación de hacer el bien común y ser parte de una transformación queda subordinada a una ambición o una pelea interna pasa por encima de ese sueño que teníamos, se empieza a distorsionar la política. 

Y, si además, empezamos a transformarnos queriendo sin querer, una especie de clase, porque entramos a una estructura partidaria o a una estructura institucional, y nos vamos alejando lentamente de la realidad cotidiana de millones de mujeres y de hombres, quedamos desfasados. 

Y a veces me pasa, siempre he tratado de militar en los territorios a pesar de que he tenido el privilegio de representar a mi partido en cargos importantes u ocupar cargos institucionales, muchas veces a pesar de ir seguido al territorio, vos lo ves en la cara de la mujer o en la cara del compañero o compañera que te recibe y te conoce, no te lo dice, pero te dicen ¿a qué venís chino, qué necesitas, qué estás buscando – hay elecciones?; no es la recepción del primer día, del segundo día cuando empezaste a tener una tarea más de base, buscando transformar el barrio ya sea en un tema educativo o de adicciones, de seguridad, y había una expectativa con la llegada. porque uno se va y los problemas se quedan, y aveces se gana una elección y a vos te va bien, pero nuestro pueblo – hablo de Argentina, particularmente – allá por los 80 teníamos, no sé si 10 por ciento de pobres, hoy tenemos 40. 

Entonces, cuando vos sos parte de una política y ocupaste cargos de responsabilidad, cuando ves determinados números; o ves un (inaudible) que te grita en la calle y te pide algo para comer; o ves una persona tirada en la calle o gente sin trabajo ya rendida, como derrotada, triste, ya ni siquiera enojada, te ponés a pensar para qué sirvió, ¿estaremos haciendo las cosas bien?. ¿Será la política el instrumento de transformación o somos más una maquinaria electoral que un instrumento que modifique la realidad para bien?.

Y en esa tensión permanente, esta pandemia nos colocó cara a cara, y creo que es global esto, creo que le pasa al mundo, pero yo apenas voy conociendo a mi país, no me voy a animar a hablar de otras entidades; nos coloca frente a la posibilidad de ver claramente la inequidad y la injusticia de nuestra Argentina, y te pones a pensar ¿cómo debe ser la política para adelante?, ¿cómo debe ser la política si queremos que esto cambie y definitivamente?; en un proceso gradual, en un proceso pacífico, y me parece que la respuesta está en volver a la fuente, en confiar en el pueblo, porque cuando queriendo o sin querer, somos parte de “una clase” y recurrimos a nuestro pueblo en momentos de la elección o en algún momento particular de una movilización, de una pelea, una puja, y no hay una relación de ida y vuelta permanente, en la mejora del barrio, en la búsqueda de trabajo, en la concreción de políticas urbanísticas, etcétera, esa persona que nos puede llegar a votar e incluso nos puede llegar a querer, ve que lo que está en juego es un tema nuestro, no un tema global, no un tema del conjunto del pueblo.

Y volver al pueblo no es ir al barrio solamente, es abrir los debates y las discusiones para aprender juntos cuáles son los caminos a seguir; porque a veces creemos que la política es ir y convencer. Y hay tanto dolor en esta pandemia, en esta pobreza, en esta inequidad, en nuestra América y Argentina no es la excepción, tenemos que convencer, tenemos que aprender; escuchar para aprender. Por supuesto, aportar nuestra experiencia con mucha humildad, si somos interpelados responder esa interpelación y tratar de construir un sentir común y un hacer común, y que esas compañeras y compañeros del territorio con quienes nos respaldamos en el marco electoral, en el marco de la movilización, en el marco de la afiliación cuando como partido debemos dar alguna pelea en la institucionalidad de la democracia, también tengamos, no la generosidad, sino la inteligencia de convocarlos a ser parte, porque necesitamos que el pueblo sea parte de la transformación.

Si creemos que semejantes crisis se resuelven solo con los políticos y las políticas, es porque no entendemos la magnitud de la crisis; no entendemos la profundidad de la crisis. Y los pueblos, supongo que el pueblo argentino – un poco más acá, un poco más allá -, como el pueblo mexicano y como el pueblo de las naciones que las compañeras ahora nos van a dar o van a dirigir la palabra, son los que resisten y aguantan todos los días en condiciones de indefensión a veces, en condiciones de mucha fragilidad. 

Entonces muchas mujeres hay acá; se imaginan cuántas mujeres esta noche por ahí se van a acostar sin tener en claro si sus hijos tienen asegurado mañana un plato de comida; o cuántos hombres se van a dormir entre la expectativa y la resignación de si mañana van a conseguir una changa, y sin embargo, mañana a las cuatro, a las cinco se levantan y se ponen de pie y caminan, suben un micro a una wawa y van y van.

y nosotros a veces, quienes tenemos responsabilidades políticas no hacemos los mismos sacrificios, no los acompañamos en ese sufrimiento permanente de construir patria.

No pretendo competir por el premio nobel que mencionó el compañero Rodríguez Zapatero, pero nosotros decimos que la patria es el barrio, porque donde uno empezó a gatear es ahí en la vereda de tierra del barrio, en la esquina, la primera novia el primer beso se lo dio ahí a la vuelta de la casa, el partidito de fútbol, la primera salida, ahí donde nos fuimos haciendo mujeres y hombres; y eso es la patria, nuestro pueblo que camina.

Entonces la política debe volcarse, debe zambullirse, debemos salir de la pileta, de lo pincho – nosotros le decimos pincho a las piletas de plástico o una pileta de cemento donde uno se mete al agua -. Hay que zambullirse a la inmensidad del océano que es nuestro pueblo, y ahí bucear, ahí buscar, ahí aprender y, seguramente, van a aparecer mujeres y hombres que van a ser mejores que nosotros y si queremos servir a la patria y queremos honrar la política y la queremos mejorar, ayudemos a que esas mujeres y hombres sean parte del proceso de transformación; y que los futuros concejales, los futuros funcionarios, los futuros responsables de cualquier partido, se nutran del pueblo, porque va a ser la única forma de que nos vamos a poder – no sé si revivir, si reaprender -, pero recrear esa vocación militante transformadora que la política tenía cuando era masiva.

Por eso mencioné el porcentaje que votó a Manuel López Obrador en su elección presidencial, y creo que Morena – no iba a opinar de Morena porque hace poquitos días que estoy -, pero les comento una experiencia que compartí anteayer con algunos compañeros que les pidieron barrio acá en el tanque – está por ahí me parece que Omar – y llegó, un barrio que está en las alturas, que hay que caminar mucho, mi estado físico no es el mejor para subir, sin embargo cumplí, y había militantes de Morena; la compañera Mayra, una chica que vive ahí en ese barrio, un barrio humilde, de trabajadores. Tres de la tarde, hace calor, y ella va casa por casa con otras compañeras y compañeros a visitar vecinos y preguntarles y escucharles, y me llevaron y ahí estuve con un compañero jubilado, él había trabajado en el Excelsior y me contaba su experiencia, la experiencia del barrio, hace cuánto vivía. Después estuvimos con un matrimonio que con mucho orgullo me presentaron a su hijo que está estudiando ingeniería en la universidad  con todo el esfuerzo de sus padres. 

Ninguno era militante, pero a todos les interesaba la política y empezaban a ir a reuniones y eran críticos, bancaban a López Obrador, pero tenían críticas por hacer. Y Mayra no se molestaba, anotaba, tomaba nota, y al final de esa charla uno de los compañeros, el dueño de casa sacó un poquito de tequila y me convidó con mucha humildad, pero con mucho cariño, con mucho afecto. 

Y terminamos con un hombre tintorero, orgulloso de su tintorería; y la mujer que tiene un almacén también contando sus expectativas. Los tres coincidieron que los últimos 40 años todos los políticos en México los habían engañado, todos; López Obrador, no. López Obrador no los había engañado.

Pero lo importante es que ese partido Morena que hoy está en el gobierno con muchos cuadros en gestión institucional, decidió paralelamente, y creo que es un mérito del compañero presidente y todos, compañera vicepresidenta y todos los responsables de Morena que están acá, no quedarse en la quietud o en la comodidad de ser el partido del gobierno, sino de ir organizando, yendo casa por casa a buscar a los vecinos que pueden apoyar a López Obrador, que les puede gustar más o menos Morena, pero sobre todo escuchar qué pasa allá abajo en la profundidad, donde muchas veces la política dejó de ir porque las encuestas y todos los instrumentos vinculados a redes sociales, nos hicieron creer que no era necesario el cuerpo a cuerpo, el cara a cara. Y, obviamente, no hay que desperdiciar ni despreciar ningún elemento, instrumento, mecanismo, que nos ayude a conocer mejor la realidad, ya sea encuestas, focus group, lo que sea. Pero de lo que no podemos prescindir es de estar cara a cara con nuestro pueblo, y tenemos que estimularlo a que nos critique, pero, sobre todo, tenemos juntos que aprender a qué ellos sean protagonistas de este proceso, pero no protagonistas acompañándonos en un acto o una marcha, protagonistas ocupando espacios de decisión, porque si el pueblo no participa, si el pueblo no se compromete; si nosotros, en lugar de estar tan pendientes de nuestras propias expectativas, nuestras vanidades, nuestras ganas de llegar, que son legítimas, pero tienen que estar subordinadas al bien común en un continente que falta tanto. 

Por más que a veces nos veamos benevolentes y hasta nos creamos que somos importantes porque, circunstancialmente ocupamos una linda oficina, tenemos celular, secretaría, un carro, un auto. En Buenos Aires hay un tango que dice que la fama es puro cuento y yo agrego, los cargos también son puro cuento, lo que no es puro cuento son los pueblos organizados, lo que no es puro cuento es una política al servicio del pueblo como la que se desarrolla en México, como la que intentamos en Argentina con Alberto Fernández; como la intentaron los líderes que estuvieron hace un rato con nosotros y no es puro cuento que les debemos (inaudible). 

Si no podemos nosotros el mejor aporte que podemos llevar adelante, es abrir el camino, para que las mujeres y hombres más jóvenes, más fuertes, más vitales, empiecen a concretar y que cuando algún nieto nos pregunte, dentro de un tiempo, ¿qué hicimos?, nosotros le podamos contestar: “fuimos parte de esa revolución, fuimos parte de esa Transformación”, y entonces ya así, con aciertos y con errores, pero con la tranquilidad del deber cumplido podemos acordarnos de aquel pibe que fuimos alguna vez, cuando entramos a algún local a afiliarnos, creyendo que la política podía cambiar la realidad, la debe cambiar. 

Muchas gracias.

Camila Armenta

Camila Armenta

Morena

En Morena la hoja de ruta la marca el pueblo. El más grande interés es la transformación y la renovación de la vida pública, y día a día vamos por ese camino.

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