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Discurso del presidente nacional de Morena, Mario Delgado, en el Encuentro Internacional por las Causas de los Pueblos que se realiza en el marco de los festejos por los 3 años del triunfo de Andrés Manuel López Obrador.

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Ciudad de México a 30 de noviembre del 2021

Mario Delgado (MD): Muchas gracias, buenas tardes. 

Bienvenidos, bienvenidas, nuevamente, a nuestros invitados; a quienes nos ven en las redes sociales. Estamos muy contentos por nuestros invitados, por nuestras invitadas. Tenemos un panel de lujo para celebrar los tres años de gobierno de nuestro presidente Andrés Manuel López Obrador. 

Qué mejor que podamos analizar estos tres años con el punto de vista de los expresidentes, expresidenta, que están aquí presentes, de cómo se está viendo esta Transformación en América Latina, en España y, en general, en el mundo.

Nosotros estamos muy contentos por estos tres años, porque inició el gobierno del pueblo y para el pueblo, después de una elección que no fue cualquier elección; fue una auténtica revolución pacífica por la vía legal, por la vía democrática, en las urnas, que realizó el pueblo de México. Y estamos también muy contentos porque a tres años de distancia, la gente volvió a ratificar esa confianza en nuestro movimiento en las elecciones intermedias; donde ganamos 11 de 15 gubernaturas; retuvimos la mayoría en la Cámara de diputados; se ganó la mayoría en 19 Congresos; y se ganó un 70 por ciento más de municipios comparado con 2018.

Y también con el orgullo de que a pesar de que en los últimos 40 años solo ha habido siete mujeres gobernadoras, tenemos seis gobernadoras de Morena; Morena se consolidó, sin duda, como el partido político de las mujeres.

Y bueno, voy a empezar, no es falta de cortesía, pero sí tratando de hacer un resumen muy rápido de qué ha ocurrido en nuestro país en estos tres años, porque estamos viviendo realmente una transformación muy profunda, un cambio de régimen político, un cambio de modelo económico.

El neoliberalismo en los últimos años en México trató de vender la idea de que el estado por naturaleza era corrupto, que era esencialmente corrupto; que todo lo que tocaba lo echaba a perder, todo lo que tocaba lo corrompía. Era una especie de medusa que cualquier cosa que miraba lo convertía en piedra, en una estatua de corrupción. Se atrevieron a decir, incluso, que era un tema cultural; no había nada que hacer en el tema de la corrupción.

Pero en realidad era una coartada de unos cuantos potentados para minimizar el papel del estado en la sociedad y en la economía, para ir haciendo crecer sus negocios, su red de intereses, en un saqueo descomunal en la noche neoliberal en México. Y la corrupción terminó siendo el cáncer de este país.

Por eso el combate a la corrupción que ha emprendido Andrés Manuel López Obrador empezó por lo básico, que la corrupción fuera un delito grave, era una falta administrativa. Ahora, es un delito grave establecido en la Constitución. Pero este combate a la corrupción en realidad está redefiniendo el papel del estado y está reconstruyendo al propio estado mexicano, porque se había quedado, incluso, sin la posibilidad de ofrecer los servicios fundamentales para los cuales existe el estado, como es la sanidad, como es la educación o la seguridad.  

Pero para poder hacer esto, pues se necesitaba una nueva fiscalidad; una fiscalidad no nueva, sino sin privilegios. Y no como en los debates se plantea aumentar los impuestos y tener un sistema más progresivo, ¡no por algo elemental! que es cobrar bien los impuestos; que paguen los impuestos quién debe de pagarlo, porque había una gran cantidad de concesiones, incluso, había una facultad constitucional que tenía el presidente de decidir quién pagaba impuestos y quién no pagaba impuestos. Por eso se hizo una Reforma Constitucional para quitar esta facultad constitucional y, ahora, la defraudación fiscal es un delito grave. Pero esta facultad era lo que permitía esta alianza perversa entre el poder político y el poder económico en México, que tanta corrupción generó.

De tal manera que esta separación que estamos viendo ahora entre el poder político y el poder económico en México, es equivalente a la separación que logró Juárez, de la iglesia y del estado. De  ese tamaño es lo que estamos viviendo.

Y si a eso le sumamos la austeridad republicana, es decir, terminar con lujos y privilegios en el gobierno, porque no puede haber gobierno rico con pueblo pobre, tenemos que… López Obrador está demostrando que es posible ser responsable desde el punto de vista social y desde el punto de vista fiscal, porque esta nueva fiscalidad tiene tres fuentes: el cobrar bien los impuestos; el erradicar la corrupción; y la austeridad republicana. Y ello permite, está permitiendo, enfrentar las necesidades más básicas, atender a los más pobres, con una inversión social histórica en nuestro país, donde 25 millones de hogares hoy reciben un apoyo que antes no tenían. 

Y dónde tenemos proyectos ahora, proyectos de infraestructura con una visión de desarrollo regional. Regresarle al estado su participación en la economía a través de la inversión pública, para tener una economía más competitiva e impulsar el desarrollo regional, como el caso del Tren Maya, que es un proyecto integrador, además de las comunidades; o el proyecto del Corredor Transístmico que va a tener un impacto en el comercio global entre Asia y Europa; o la Refinería Dos Bocas que tiene como objetivo reducir la dependencia del consumo de gasolinas que tenemos del exterior.

También decir que esta nueva fiscalidad permitió al gobierno mexicano enfrentar la pandemia con una reconversión hospitalaria sin precedentes y, al día de hoy tenemos ya 75 millones de vacunados.

Y además en esta nueva economía moral, como la llama el presidente, ha  desafiado algunos paradigmas que parecían intocables en el neoliberalismo, por ejemplo, el hecho de que no se podía aumentar el salario por encima de la inflación; era una idea que no se tocó; era una ley económica intocable e incuestionable. El próximo año se concretará un aumento del 20 por ciento, esto se suma al 15 por ciento del primer año, al 20 por ciento del segundo año y al 15 por ciento del tercer año; es una recuperación salarial de casi 50 por ciento en términos reales, cuando en el periodo neoliberal, la pérdida del poder adquisitivo real fue de un 75 por ciento. Esta recuperación del poder adquisitivo, permite que tengamos un mayor dinamismo en el mercado interno.

Pero esta redefinición del papel del Estado en la economía, va acompañada de un cambio de régimen político, que tiene que ver con hacer de nuestro país una auténtica democracia; con darle todo el poder al pueblo.

Las pasadas elecciones, son las primeras que se desarrollan en México en muchos años, sin que haya habido la intervención del gobierno, y ahora tenemos nuevos derechos democráticos en la Constitución, como que la gente pueda decidir de manera directa a través de la Consulta Popular, algunos temas relevantes para nuestro país. Ya hicimos el primer ejercicio de Consulta Popular, donde se le preguntó al pueblo de México, si quería que los expresidentes fueran enjuiciados por los delitos que cometieron. Y estamos en medio de un proceso que nos va a llevar por primera vez en la historia, a celebrar el ejercicio democrático de Revocación de Mandato el próximo 10 de abril.

Y es una paradoja, que la derecha, que los conservadores, que toda la oposición, no quieren que se lleve este proceso revocatoria; y es el presidente Andrés Manuel López Obrador, Morena y las fuerzas progresistas, quienes están en favor de esta revocación.

Podría parecer una paradoja o algo sin sentido, pero lo que está en juego, es dejar el precedente para siempre, de qué el pueblo y de que el pueblo quita; y que nunca más tengamos presidentes ladrones, corruptos o asesinos.

Entonces, el cambio económico más el cambio de régimen político hacia una auténtica democracia, son el centro de la transformación. Y lo que es más importante, ¿cuál ha sido el eje, cuál es la clave de esta transformación? Es la honestidad, la honestidad que permite regenerar la vida pública del país, y le permite al presidente tener un liderazgo moral, de tal tamaño que está planteando una recomposición de valores en nuestra sociedad; erradicar estas ideas del neoliberalismo, de entregarse al consumo, del individualismo excesivo, de la acumulación para dar paso a valores como la solidaridad, la fraternidad; el reconocer que para estar bien, tenemos que estar bien todos. El cambio de mentalidad será la gran herencia de esta Cuarta Transformación. 

Y esta mentalidad moral, ahora le permite al presidente ponerse, pararse frente a escenarios internacionales como la ONU, donde les fue a decir una frase que podría parecer muy simple, “el problema del mundo es la corrupción”. Lo mismo dijo hace tres años en México, y decían que era muy simplista. Ahí se los dejó a la comunidad internacional, como un planteamiento diferente para abordar los problemas.

Pero esa autoridad moral le permite plantarse frente a los Estados Unidos y Canadá, para tener una relación de iguales y diferente; permite convocar a CELAC; permite también, poder ser un eslabón entre el imperialismo del norte y el sur, y esa nos devuelve de manera automática a nosotros, que compartimos el sueño de la patria grande. 

Bienvenidos y bienvenidas al México de la Cuarta Transformación.

Muchas gracias.

Creo que me toca dar la palabra, y bueno, después de esta introducción, vamos a pedirle a la presidenta Dilma Rousseff, que nos pueda dirigir su mensaje, y agradecerle nuevamente el hecho de que esté esta tarde con nosotros.

Camila Armenta

Camila Armenta

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En Morena la hoja de ruta la marca el pueblo. El más grande interés es la transformación y la renovación de la vida pública, y día a día vamos por ese camino.

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