Morena

Discurso que encabezó Mario Delgado, presidente nacional de Movimiento Regeneración Nacional (Morena) en el evento “3 años de victorias del pueblo”.

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Ciudad de México a 01 de julio de 2021

Mario Delgado. –

Queridos amigos y amigas,
Queridos compañeros y compañeras, Querido pueblo de México,
“Bienvenida sea la revolución —decía Ricardo Flores Magón — esa señal de vida, de vigor de un pueblo que está al borde del sepulcro.”


Hoy estamos de fiesta, celebramos un día histórico: hace tres años inició el rescate de nuestra patria, triunfó la es- peranza. Juntas y juntos decidimos hacer historia, elegimos abrirle la puerta al cambio verdadero y dar inicio a la Cuarta Transformación de nuestro país, de la mano de Andrés Manuel López Obrador y Morena.

La victoria de nuestro hoy presidente es, sin duda, la victoria del pueblo, esa señal de vida que decía Flores Ma- gón, pues el 1o de julio de 2018 no solo se votó por un gobierno diferente; se votó por un país y por un futuro diferente. Se votó por la vida, por los sueños, por la feli- cidad de quienes habían sufrido décadas de marginación, despojo y violencia. Le marcamos un alto a los asesinos y a los corruptos.


Se votó también por la memoria de quienes han dado su vida en esta lucha, por los que seguimos firmes, aquí y ahora. Y, sobre todo, se votó por nuestros hijos e hijas, y por las generaciones que están por venir.

Hace tres años dijimos adiós a un régimen neoliberal, au- toritario e inhumano que además de basarse en la corrup- ción, la impunidad y el saqueo, desprecia la vida misma, pues la trataba prácticamente como otra mercancía, como algo más que podían vender o arrebatar.


Hoy vivimos una transformación de verdad, llevamos tres años cambiando la realidad que quisieron imponernos; tres años luchando contra la peste de la corrupción y la cultura individualista y ambiciosa que querían inculcarnos como el único camino; tres años de transitar de una nación en guerra, hacia la paz y la justicia. Llevamos tres años de victorias, construyendo una patria nueva, más fraterna y solidaria.

El Movimiento Regeneración Nacional, nuestro partido- movimiento, es el instrumento de la lucha democrática del pueblo porque es la herencia directa de tres grandes transformaciones en nuestra historia: la Independencia, que nos liberó del yugo colonial; la Reforma, que separó la Iglesia del Estado, otorgó derechos hasta entonces inexistentes y defendió la soberanía nacional, y la Revolución Mexicana, que derrocó a la dictadura porfirista, dio al país un breve paréntesis de democracia, instauró un régimen de justicia social y consagró derechos colectivos pioneros en el mundo.
Venimos también, indudablemente, de la lucha de Lázaro Cárdenas, por la soberanía y la dignidad de nuestro país.


¡Porque fueron, somos; y porque somos, serán!

Morena es nuestra causa colectiva. Nos congrega esa capacidad de indignación ante la injusticia y la desigual- dad. Nos reúne la empatía con los más necesitados. Nos mueve esa llama interna que nos hace entender a la política como la lucha por la felicidad. Combatimos la idea de que el ser humano sea un animal solitario y egoísta. Somos animales gregarios, sociales, políticos; necesitamos de los demás.


Y la felicidad no se puede comprar por internet ni depende de los bienes materiales. Lo más valioso, como la digni- dad y la vida misma no pueden adquirirse con dinero. La satisfacción con nosotros mismos depende de la entrega gratuita a una causa colectiva y a la lucha por hacer- la realidad.

Si se asume este principio de conducta no es difícil tomar partido ni reconocer el lado correcto de la historia o el lado de la mayoría; es muy fácil comprender cuánta razón tiene nuestro presidente López Obrador cuando dice que necesitamos de los demás para construir una sociedad mejor y que “por el bien de todos, primero los pobres”.


Sin embargo, tenemos enfrente a una mafia que está muy enojada porque no sólo están perdiendo sus privilegios, sus negocios corruptos y sus complicidades con el poder público, sino porque esta revolución de pensamiento y este retorno a principios esenciales de la civilización desplaza a la cultura funcional de la ganancia, la competencia y el mercado, y los condena a la derrota moral.

Es una mafia moribunda que se resiste a desaparecer, aunque la mayoría la repudie. No se guía por el amor sino por el odio y el resentimiento. Esa minoría rapaz que se encargó de traer el neoliberalismo a México hace 30 años, uniendo al poder político con el poder económico y enriqueciendo a unos cuantos, es la que, desde el PRIAN, engendró a cinco de los peores expresidentes que hemos tenido en nuestra historia: Salinas, Zedillo, Fox, Calde- rón y Peña.


Ellos hundieron a México en una profunda crisis mediante el saqueo, la corrupción y los negocios turbios entre cuates, a costa de empobrecer al pueblo.

Gobernaron mediante los fraudes electorales, la falsa alternancia, la simulación, las privatizaciones, las masacres, la guerra sangrienta, la violencia, las desapariciones for- zadas y el atraco sistemático a nuestros recursos. Nos de- jaron un país destrozado, desigual, convertido en una gigantesca fosa clandestina. Su legado fue un tejido so- cial desgarrado, una pobreza multiplicada, un patrimonio nacional saqueado y sistemas de educacion y salud en ruinas.


Son ellos los que hoy intentan sembrar la desesperanza, la indolencia y el miedo… pero el pueblo ya despertó y el miedo cambió de bando: el próximo 1 de agosto iremos masivamente a las urnas para decirle “SÍ” a la consulta popular y habrá juicio a expresidentes.

El pueblo de México ha tomado las riendas de su destino, está escribiendo su propia historia de manera pa- cífica y democrática, con plena confianza en Andrés Ma- nuel López Obrador, un hombre que hizo de la honestidad un atributo revolucionario.


Y revolucionaria es la misión histórica a la que nos ha convocado a todas y todos. Hace menos de un mes, la gente volvió a decretar que la Transformación continúe. Nos dio un apoyo irrefutable: ganamos 11 de 15 gubernaturas, la mayoría de la Cámara de Diputados y de 19 congresos locales. Gobernaremos 300 municipios más de los que ganamos en 2018 y, con 17 gubernaturas en total, Morena pasará de gobernar 35 millones de mexicanas y mexicanos, a más de 61 millones de personas en el país.

Menciono con orgullo que este triunfo incluye a cinco gobernadoras. En los últimos 40 años, solo 7 mujeres ha- bían ocupado este cargo; ahora, de las 7 que habrá en los próximos meses, 6 son de morena. Ningún partido ha impulsado como nosotros la participación política de las mujeres.


No ha sido una batalla fácil. Los conservadores y los partidos de la mafia de la corrupción le apostaron a sus cam- pañas de odio y mentiras, al dinero de empresarios corruptos, a las complicidades de algunos medios y pseudo intelectuales, a las trampas de la mayoría de sus gobernadores y su connivencia con grupos delictivos. Además, repitieron hasta el hartazgo que Andrés Manuel no estaba en la boleta.

Fracasaron. Los derrotamos.
La gente ha votado en consecuencia de la evidente y enorme diferencia que representa tener, por primera vez en muchos años, a un presidente honesto. Se ha comprobado que, sin aumentar impuestos, sin endeudar al país y sin gasolinazos, apretándole el cinturón al gobierno y combatiendo la corrupción, podemos tener una inversión social histórica: ahora sí alcanza para la pensión de los adultos mayores, para las becas de los niños, niñas y jóvenes; los apoyos para las personas con discapacidad; la transformación del sistema de salud pública para que to- das y todos tengamos derecho a servicios de calidad y medicamentos gratuitos, y que la salud deje de ser el privilegio de unos cuantos; los apoyos para el campo, para que tengan que comer quienes nos dan de comer.

Andrés Manuel no estuvo en la boleta, porque ahora está en 7 de cada 10 hogares a través de estos derechos sociales que ya están avalados por nuestra Constitución.
Y el voto ha sido también para una militancia generosa y entregada, guiada por el principio de servir y no servirse, atenta a las necesidades y anhelos de la porción mayoritaria de la sociedad; para un ejército pacífico de transfor- madores de conciencias que se formó al calor de tres lus- tros de resistencia al fraude, a las privatizaciones, al despojo, a la inmoralidad, la represión y la indecencia: uste- des, que son las y los mejores hijos de México.

El entendimiento de la transformación que vive México avanza incluso en ámbitos internacionales tradicionalmente escépticos. Hace apenas unos días, en medio de una crisis económica y sanitaria mundial sin precedentes, re- cibimos la noticia de que nuestro país está dentro de los 10 que mayor inversión extranjera reciben. Eso refleja un voto de confianza a nuestra política económica, que está demostrando que sí se puede tener responsabilidad fiscal y sentido social al mismo tiempo.


El cambio de modelo económico en México se está con- virtiendo en un referente en el mundo para construir una alternativa real a la idea tramposa del neoliberalismo.

Los equilibrios fiscales y la salud de las finanzas públicas no es a costa de aumentar impuestos, imponer gasolina- zos y rematar los bienes de la nación, sino de tener un gobierno austero, sin derroches ni frivolidades, erradicar la corrupción y terminar con la complicidad de no cobrarle impuestos a los que más tienen.


Se ha echado por tierra una de las mentiras más perver- sas de los gobiernos neoliberales: que la estabilidad de precios dependía de someter los salarios por debajo de la inflación. En estos dos años y medio de gobierno, el salario mínimo aumentó en un 60%, poniéndole fin a una caí- da de más de tres décadas en los que perdió tres cuartas partes de su valor real, incrementando la pobreza, la de- sigualdad y asfixiando a nuestro mercado interno.

Un gobierno sin corrupción, que represente los intereses de la mayoría y que ya no esté al servicio de unos cuan- tos intereses privados, permite que la participación pública en la economía genere un gran valor, como la aplicación universal de vacunas, una red de internet pública, la dignificación efectiva de las escuelas públicas o proyectos de desarrollo regional como el Tren Maya o el corredor en el Istmo de Tehuantepec.
Nuestro país ha recuperado su presencia en el escenario mundial, porque ya no somos vistos como un país gober- nado por una pandilla de ladrones. México propuso ante la ONU el acuerdo para garantizar una distribución equita- tiva de las vacunas en el mundo y la semana pasada nuestro país envió vacunas a nuestros países hermanos de Latinoamérica, en una muestra de solidaridad.

El cambio de régimen político es una ruptura irreversible con el pasado. El presidente con la mayor legitimidad de- mocrática desde Madero, está empeñado en hacer de nuestro país una auténtica democracia. Y ha desmantela- do la piedra angular del antiguo régimen: la Presidencia infalible, impune, intocable y cómplice. La Constitución ha sido modificada para que el presidente en funciones pueda ser juzgado por los delitos que cometa, como cualquier otro ciudadano. Se ha eliminado la facultad presidencial de condonar impuestos, esa prerrogativa que dio origen al matrimonio perverso entre el poder político y el poder económico que tanta corrupción generó. Además, ahora el titular del Ejecutivo tendrá que someterse a la revocación de mandato a la mitad de su periodo, porque el pueblo pone y el pueblo quita.

En resumen, pasamos del presidente imperial a un funcionario público austero, sin privilegios, sin complicidades con el poder económico, responsable ante la ley por sus actos y obligado a servir con lealtad al pueblo.


La regeneracion de la vida pública, la conquista de la jus- ticia que nos fue negada por décadas, la lucha por gene- rar condiciones de equidad para cerrar la brecha entre los muchos que no tienen nada y los pocos que lo tienen todo es nuestra tarea.


Nuestro objetivo de vivir en una auténtica democracia requiere de una lucha permanente. En marzo del año que entra tenemos que ganar nuevamente una contienda a la que solamente un líder con la convicción democrática de Andrés Manuel es capaz de convocar: someterse a
sí mismo a una revocación de mandato, algo inédito en nuestro país. No hay marcha atrás: “con el pueblo todo, sin el pueblo nada”.


Morena seguirá poniéndose a disposición de la gente, de su sentir, de sus inquietudes, de sus anhelos. ¿Qué se- ríamos sin el pueblo? ¿Qué seríamos sin la gente que depositó su esperanza de una vida mejor en nosotras y nosotros? No tenemos derecho a fallar. Nunca debemos olvidar de dónde venimos: somos un instrumento vivo al servicio del pueblo de México y, más allá de las coyunturas electorales, nuestro fin último es la revolución de las conciencias y la transformación del país.

Estamos convencidos de que, ahora más que nunca, transformar es moralizar. Por eso, siempre debemos de tener claros los principios que guían a nuestro movimien- to: “no mentir, no robar y no traicionar al pueblo”.


Como dirigente nacional de Morena, les invito a que ten- gamos un proceso de reorganización fraterno, solidario y ejemplar. Debemos abrir nuevamente la afiliación a la ciudadanía y llamar a la conformación de comités para la defensa de la 4T, además de renovar nuestras estructuras organizativas.

Los enemigos de la Transformación están allá afuera y no dudarán en aprovechar o fomentar la discordia y las intrigas para debilitarnos. Los conservadores anhelan un movimiento dividido pues saben que no pueden derrotar- nos. Porque lo que nos hace diferentes a los demás es que luchamos por causas e ideales, no por puestos o privilegios.


Nuestra lucha es para que todas y todos los mexicanos tengan una vida digna, para que haya una democracia plena, para que las siguientes generaciones disfruten de un país feliz, justo e igualitario.
Unidos en torno a ese luchador íntegro e incansable lla- mado Andrés Manuel López Obrador, ¡sé que lo vamos a lograr!

Morena es la esperanza de México, y somos también la esperanza de nuestra América Latina, de la unión de los pueblos y del ideal de una Patria Grande, como la soña- ron Bolívar y el Che.


Hoy celebramos tres años de victorias del pueblo. Hoy celebramos el derecho a soñar y a luchar por alcanzar esos sueños.
Juntos, juntas, estamos convirtiendo la utopía en reali- dad. Estamos transformando la empatía en revolución. Le estamos dando contenido a la vida, para que haya por qué vivir.
Juntos, estamos haciendo historia.

¡¡¡ES UN HONOR… ESTAR CON OBRADOR!!!
¡¡¡Que viva la Cuarta Transformación!!!
¡¡¡Que viva el presidente Andrés Manuel López Obrador!!! ¡Viva México!
¡Viva México!
¡Viva México!

Camila Armenta

Camila Armenta

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En Morena la hoja de ruta la marca el pueblo. El más grande interés es la transformación y la renovación de la vida pública, y día a día vamos por ese camino.

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